miércoles, 14 de mayo de 2008

Una extraña mirada.

Atónita traté de conservar la calma, si decía algo mi familia podría resultar muerta (incluyéndome), si no… solo el destino lo sabía. Por otro lado el leía cada uno de mis pensamientos, podía hacer conmigo lo que le diese la gana, nerviosa, ya con mi mano sobre el pestillo decidí responder:

-no es nada, es la música, estaba un poco fuerte pero ya la bajé.

-¿segura? Te escuché hablar con alguien

-es la radio nada mas, ya voy a dormir, no me molestes más… adiós.

-ya… bueno… te dejo…

-uf- expiré aliviada mientras me apoyaba sobre la puerta ignorando por un instante a mi visitante.

Lo miré fijamente:

-¿porqué no hiciste o dijiste nada?, podrías haber dicho algo y así, nos condenarías a todos.

-¿porqué hacerlo?, ¿acaso tu sabes cómo y quién soy yo?- se levanta y camina hacia mi- ¡¿sabes acaso lo que estoy sintiendo?!

Sus ojos expresaron algo que jamás podría describir, encolerizados, tristes, demacrados, furiosos, llenos de sangre, me trataban de decir lo inexplicable, lo obvio, lo… lejano. Comprendí entonces que me amaba, por primera vez sentí que alguien que me conocía completamente, que sabía cada uno de mis defectos y mis errores, mis fallas, todo lo malo, aún así me amaba. Sus ojos me lo dijeron, una lágrima de sangre que corrió por su mejilla me hizo comprender que le dolía amarme, o tal vez amar a una sucia humana.

Mi mente cada vez se aturdía más, estaba frente a alguien que por primera vez había visto algo bueno en mi. Quería corresponderle ese sentimiento me acerqué a él y sequé esa lágrima, pero él me tomó de la muñeca, alejó mi mano de su rostro y lo esquivó mi mirada. Entonces casi sin pensarlo lo abracé, pero ahora, era más bien para agradecerle:

-salgamos de aquí-dije decidida, mientras él asentía con la cabeza y una pequeña sonrisa.

CONTINUARÁ…

jueves, 1 de mayo de 2008

El Extraño en el cuarto de Mariela

Ante la sorpresa de mi atacante pude ver una pequeña sonrisa entre sus colmillos, creo que se burlaba de mi, o algo por el estilo, me sentí despreciada, como una estúpida ofreciendo así mi vida. Entonces ofuscada de enojo dije:

-¡bien! si deseas que luche vanamente por mi vida, no lo haré, no quiero, ¡vamos bastardo! Hazlo de una vez…

Y sin saber cómo, me encontraba llorando, deseando la muerte y a la vez, dolida por desearla, porque mi vida acabaría así de pronto, no quería, pero el miedo me dominaba, debía ser fuerte e inútilmente me sentí en el ridículo, él por su parte no se movía, no emitía ningún sonido, solo mantenía esa pequeña sonrisa burlona mientras yo derramaba lágrimas apoyada en su pecho, hasta que por fin dijo algo:

-tranquila, Mariela.

Lo mire asombrada, sequé un poco mis lágrimas y le pedí que si me mataba, que al menos fuera sutil, delicado, que me diera un rayo de esperanzas aunque todo fuese a terminar para mi.

-eres muy conflictiva contigo misma, siempre estas pensando mucho- dijo mientras se sentaba en mi cama y con unas palmadas sobre la misma me invitaba a sentarme a su lado. Sin previo aviso me abrazo.

No sabía que hacer, que decir, si gritar o quedarme a ver si me devoraba. Aturdida, un torrente de ideas brotaron (como siempre ocurre), y entre la confusión de mi mente, puedo jurar haber sentido una calidez exquisita que calmaba poco a poco mis pensamientos. Me tenía allí, envuelta con sus brazos, esos que me hubiesen triturado si así lo deseaba, pero, entre la oscuridad pude ver sus ojos, irradiaban una ternura, un cariño tal que me hizo querer abrazarle más junto a mi:

-¿me matarás después de esto?- pregunté ya resignada

-¿y porqué no disfrutar un poco más de ti?- dijo suavemente.

-¿porqué estas haciendo esto?¿no se supone que los vampiros… no sienten mucho?

-jajajajaja- lanzó una risa sincera- me divierte verte así, tan conflictiva contigo misma. “Piensas mucho” creo que todos te dicen eso, pero créeme que escuchar todo lo que piensas antes de que te vas a dormir es igual que parece a ver una película, con tantos detalles, hablando contigo misma… no se como te sientes tan sola.

Me quedé en silencio y reaccioné. ¿Por qué le estaba abrazando? ¡es un total desconocido! ¡Reacciona, es un vampiro!.

Lo alejé bruscamente, y me paré al lado de la puerta, ahora si estaba asustada, tenía mucho miedo, estaba aterrorizada. Me había espiado quizá por cuantas noches, quizá cúanto sabía de mi, me avergoncé, me encolericé y traté de abrir la puerta cuando de otro lado siento que me llaman:

-Mariela, ¿estás bien?, sentí ruidos…

Continuará…